El propio proceso durante el primer año de formación en Danza Movimiento Terapia

¿Solo un Cuerpo? Un cuerpo que se mueve, un cuerpo que se relaciona, un cuerpo que fluye, que pesa, que ocupa un espacio y un tiempo. Todas esas cosas forman parte de mi proceso interno, de ese proceso que conscientemente elegí para no tan solo “Formarme”, sino “Transformarme”.

Un cuerpo unido íntegramente a una mente y a un espíritu y a la vez ubicado dentro de un grupo de cuerpos, mentes y espíritus que evolucionaban a lo largo del tiempo, que le daban forma, y a su vez le ayudaban a evolucionar de forma individual. Encontramos muy presente nuestro reflejo en los demás, en sus producciones, sus actitudes, en sus aproximaciones hacia nosotros.

Siento que mi proceso fue una transformación, transmutación, o como más me gusta llamarle, Alquimia. Mis energías se convertían y a través de cada sesión podía ir apreciando como mi cuerpo iba respondiendo a los diferentes estímulos, tanto internos como externos.

En las sesiones me di cuenta de mi propia presencia en el espacio, delante de determinadas personas, cómo reaccionaba ante unos y ante otros, lo que pedía y lo que ofrecía, lo que me llamaba la atención y lo que no. Elementos como esa ventana llena de luz, que dependía del día y de mi estado me atraía o me pasaba desapercibida, esa pared rugosa que tanto me repelía siempre, el piano ausente , que tan solo servía para poner cosas encima, esa columna redonda y suave que se intuía como único elemento curvado de la sala y que me ofrecía apoyo seguro, para dejarme llevar y de esta manera poderme observar a mi misma y al grupo…

Desde el primer día la utilización del espacio fue en mi un regalo. Poder moverme por toda la sala libremente, sin ningún tipo de juicio, evolucionando por ella casi siempre siguiendo las consignas proporcionadas por la facilitadora de una forma sutil, sin presión.

Al inicio, el espacio desconocido suponía un pequeño reto, lo exploraba de arriba a abajo, de derecha a izquierda, encontrando lugares más familiares como la ventana y la columna …¿por qué? No alcancé a encontrarle una razón, quizás la luz y la forma curva eran elementos tan necesarios en mi vida que los necesitaba incluso cuando estaba en un espacio cerrado y vacío… Dependiendo tanto de la consigna establecida como de mi propio estado de ánimo, así como de la interacción con las otras personas.

¿Puedo definir mi proceso personal como una evolución íntima a través de la creación? Si hacemos caso a Winnicott , quien define la creatividad como una “ forma de transformación de nuestra actitud interna convertida en realidad externa” podría afirmar que la evolución en DMT sí que tuvo que ver con la creatividad.
Según J. Pierrakos, se establecen tres niveles de realidad en el ser humano, la máscara, la sombra y el core, o esencia. El autor afirma que nuestro cuerpo es la manifestación de la máscara, aquella imagen que ofrecemos de nosotros mismos al exterior conscientemente. La sombra, la parte más “oscura” o “escondida”. Y nuestra esencia {core} es el impulso que busca expresarse a través del cuerpo, es la parte inconsciente que actúa sin ningún prejuicio, sin darse cuenta de que le observan, que emerge desde la emoción primera, la auténtica. En este sentido, la sombra y la máscara son nuestro material de creatividad, igual que la pintura y el pincel son el material del pintor. En cuanto una persona que se encuentra en el nivel de Core modifica su actitud por el simple hecho de sentirse observado o bien porque quiere ofrecer algo conscientemente, se pasa directamente al estado de máscara o sombra.
Todos estos niveles interrelacionan entre ellos y mientras no nos quedemos bloqueados en ninguno, el fluir entre uno y otro será positivo y siempre lleva a la evolución.
En las sesiones pude experimentar como es muy fácil pasar de un estado a otro, transformando acciones, a veces dejándome llevar por una música, por la utilización del material proporcionado, (fotos, palitos, hojas y colores…) sintiendo placer en el momento de crear, incluso en algún momento no agradable tal y como afirma Pinkola. A través de la creación pude vivir momentos de “SENTIR” fundamentalmente el “Core” , algunos ratos de “Sombra” en los que podía provocar a alguna compañera para recibir su atención, y otros en los que indudablemente me sentía observada, no sólo por la figura de la guía de la actividad, sino también por los propios compañeros. En esos momentos la “Máscara” aparecía en mi y sentía como mi actividad creaba alguna historia o situación donde yo me pudiera sentir cómoda mientras era consciente de esa observación. Estos momentos tanto pueden haber durado unos minutos como un par de segundos, pero suficientes para que mi actitud se viera modificada.

En algunos momentos era inevitable observar a mis compañeros, tengo que confesar que a veces por cierta curiosidad hacia sus movimientos, hacia sus creaciones . En el descanso del “sentir”, mis ojos vagaban y reflejaban aquello que tenían delante. Otras veces, claro está, mis compañeros pasaban desapercibidos a mis ojos, no me seducían sus movimientos o aproximaciones tanto como para unirme a ellos y me dejaba llevar por mi individualidad.. Me di cuenta que algunas imágenes llamaban mucho mi atención, así como ciertas personas, y en cambio, otras me pasaban por delante sin fijarme en ellas. Creo que este hecho es positivo, porque de lo contrario, me encontraría con multitud de estímulos que observar, interpretar e integrar, perturbando mi proceso de transformación. Mis oídos escuchaban tanto la música que era ofrecida por la facilitadora como también la que el grupo iba realizando con sus producciones. Mi olfato detectaba , reconociendo y relacionando ciertas personas. El tacto lo utilicé en casi todos los momentos , al tocar el espacio, al sentirme contenida en él, al entrar en contacto físicamente con las partes de mi cuerpo y con partes del cuerpo de algunos compañeros. Por último, la vista también fue muy utilizada, sobretodo muchas veces por la necesidad de encontrar la luz exterior. Veía , observaba y miraba, todo lo que me rodeaba e iba encontrando a medida que evolucionaba , objetos, espacios y personas, con la intención de acercarme o separarme sin juzgar, tan solo dependiendo de si me producían atracción o no.
Son tantas las cosas que han pasado y las emociones que las han acompañado, desde la primera toma de contacto con unas sesiones en las que no sabíamos qué íbamos a hacer, con una persona desconocida que nos guiaba con la cual todavía no se había establecido ni historia ni confianza y frente a un grupo no menos desconocido… Mis esfuerzos fueron transformándose al igual que yo a lo largo de las experiencias, la mayoría de veces de la forma más libre posible

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